La generación del ‘80
En nuestro
país, a nivel político y cultural, la década del ’80 marca un quiebre. La historia
no volverá a registrar otra coyuntura en la cual la élite dirigente tenga un
tan completo acuerdo sobre lo que deseaba hacer con este territorio. Una
generación auto caracterizada como culta -constituida en vanguardia-, de ideas
liberales, europeístas, ansiosa por dejar atrás un pasado catalogado por algunos
de sus ideólogos como "bárbaro" y que, sin embargo, no puede romper
con el antiguo soporte de la economía, que es la tierra. Era un conjunto de
hombres que devotamente creía en el progreso, ya que se partía del supuesto de
la evolución a partir del progreso.
El país
formulado por la generación ochentista era el legado transmitido por los
hombres de 1810 y de 1853. Cabe recordar que, en ese contexto, con coherencia
ideológica, los intelectuales de esta línea de pensamiento narran los hechos
históricos desde una perspectiva funcional a sus ideas, fundamentando desde
todos los frentes la construcción de la hegemonía porteña.
En 1881, se
declara a Buenos Aires Capital de la República y, por esa época, luego de la
Conquista del “Desierto”[1], se consolida
la oligarquía portuaria, como terrateniente, generándose los grandes
latifundios y la paulatina desaparición del gaucho en las pampas. Los
intelectuales trabajan desde el interior, mirando a Buenos Aires, y de Buenos Aires
a Europa. También, consecuentes con los lineamientos del romanticismo
transmitido desde Europa, prestan atención a lo popular y a lo tradicional, en
la mayoría de los casos, con sentido pintoresquista.
[1] Denominación
con la que llamativamente se refiere, la historia oficial, a tierras, las más
ricas del país, que hoy forman parte de la Pampa Húmeda y que tampoco estaban
deshabitadas como sugeriría dicha denominación.
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